El cielo, el infierno y el mundo entero, está en nosotros mismos.- H. F. Amiel
Mongolia, atrapada entre Siberia y el norte de China, tras la caída de la antigua Unión Soviética en 1991, está sufriendo una transformación brutal, como consecuencia de la reconversión económica que supuso el cambio de un modelo económico comunista centralizado, a uno de libre mercado.

En el país se da un clima extremo, con veranos muy calurosos e inviernos helados donde las temperaturas pueden caer en picado hasta -45º. Las sequías recurrentes y el clima despiadado diezman los rebaños, donde las pérdidas en algunas zonas alcanzaron el 100% de los animales, dejando a estos pastores nómadas endeudados (2 Mill. de reses muertas) y privándoles así de su medio de subsistencia para acabar en la hambruna. Estas calamidades han provocado un éxodo rural hacia la capital. Durante el invierno 2009/2010 se enfrentó a una catástrofe climática (dzüüd), que se caracteriza por un invierno más largo y más frío que de costumbre. Estas duras condiciones y la crisis alimentaria mundial les han impactado de forma salvaje y el costo de los alimentos básicos aumentó drásticamente en un 160% para el pan y el 140% para el arroz. En las áridas estepas apenas son capaces de crecer las patatas y zanahorias.

A Ulan Bator su capital, se han desplazado en busca de trabajos y alimento inexistentes miles de familias sin hogar. Sus hijos han sido los últimos en incorporarse a los cerca de 4.000 niños de la calle de Mongolia. Niños y niñas, abandonados por sus familiares o huyendo de ellos para evitar los malos tratos que sufrían en su seno, que han invadido las
alcantarillas de la ciudad, convirtiéndolas en su refugio particular por carecer de otro donde vivir con dignidad. En ellas, están seguros de que nadie vendrá a molestarlos por considerarse ocultos a la vista de la ciudad.
Al salir a la calle me encuentro con un niño en harapos que pide un poco de dinero. Uno entre tantos abandonados a su suerte por padres dados al abuso del alcohol o destruidos por la extrema pobreza, que durante el
invierno, viven en las cloacas llamadas también agujeros de rata, donde se refugian de la miseria. Instalada cerca de conductos de calefacción entre cajas de cartón, plásticos, mantas y alcohol para hacer frente al frío, la indigencia no tiene edad.
Por unas monedas me lleva a uno de ellos.
Oyunchimeg nos recibe amablemente diciéndonos: "Bienvenidos a mi casa". Lo que ella llama "mi casa", para otros, sin embargo, es un
agujero de rata, al que se accede por una pequeña escalera que baja desde la acera. Esta madre de 48 años, ha vivido durante diez años con sus cuatro hijos en este escenario terrorífico. Un ejército de cucarachas que escalan las paredes de ladrillo mugriento, acampa en el techo. A través de un laberinto de tuberías llegamos a una sala caliente de 6 metros cuadrados. Escuadrones de moscas dan vueltas en el aire. Un olor a descomposición, heces, orina, barro, me revuelve el estómago. El sofoco me ahoga.
Oyunchimeg, que sucesivamente ha perdido a su marido, su trabajo y su dignidad, dice: "Aquí, esto no es ficción, es real...". La anfitriona nos prepara lo común: un potingue, que consiste en cáscaras patatas, guisantes y huesos de pollo, recogidos en los montones de basura. Sus cuatro hijos raquíticos desnutridos de 13 a 20 años parecen cinco años menores. El mecanismo de una caja de música que se encuentran en un vertedero, de vueltas. La melodía llena la habitación como la banda sonora de una película de terror. Si el infierno existe, puede tener este aspecto de sótano con rincones atestados de estiércol apestoso.
La vida de
Oyunchimeg y sus hijos, es la de miles de mongoles que viven o malviven en las cloacas de Ulan Bator. Son desheredados de la tierra que no han sabido adaptarse a las nuevas realidades de un país satélite de la desintegrada Unión Soviética. Refugiados en la red de calefacción, a lo largo de tuberías subterráneas interminables que llevan el agua a 130º de las centrales eléctricas - unas criptas sofocantes donde la temperatura alcanza los 40º - es la única forma que tienen estos mendigos de no morir de
frío en un invierno que casi dura siete meses. Enterrados en las entrañas de la ciudad. niños de la calle, adultos desgraciados y alcohólicos marginales, tratan de sobrevivir cada día por miles en la oscuridad de la capital de Mongolia.
Por la noche, sus hijos duermen con un ojo abierto y otro cerrado con miedo porque a menudo los borrachos llegan para aterrorizarles riéndose como si fueran ogros. Son los chivos expiatorios de la zona. Cuando un robo se comete en el barrio, algunos vecinos de alto nivel se apresuran a maltratarles y cuando proclaman su inocencia a la policía, ésta responde que "la culpa sólo puede ser suya...". Al amanecer, toda la familia sale de su guarida y comparte "el trabajo": Explorar el montón de basura de la capital en busca de latas o botellas vacías para reciclar. Una actividad que, en el mejor de los casos les reporta alrededor de 1000
tugriks por día, lo que equivaldría a 1 € diario. Cavan incansablemente la basura, ejercicio del que están excluidos viejos y niños a los que se les ve vagar por las calles bajo un frío cielo de invierno.
En la adversidad, estos
trogloditas, los más pobres entre los pobres, no alimentan odio ni rencor. Por el contrario buscan incluso los recursos necesarios para llevar a una mujer ciega, casi u muerto-viviente. Ella perdió la vista después de que su marido, en una noche de borrachera, le golpease la cara con sus botas.
Obviamente, pocos llegan a ancianos, el simple hecho de respirar allí puede causar enfermedades infecciosas que matan lentamente, la tuberculosis, neumonía, etc. En este caldo de cultivo, la menor herida degenera y adquiere proporciones catastróficas. El amianto, omnipresente en las tuberías está causando muchos tipos de cáncer.
El
alcoholismo está muy extendido. En las noches de frío, suele verse zigzaguear a los borrachos por vodka adulterado a menudo con metano, anestesiados con la bebida. Horas más tarde, cuando se despiertan en un dolor insoportable, con el estómago o la espalda destrozados, se les lleva al hospital de emergencia de la Caridad, única institución libre de Mongolia.

Reservado para los condenados de Ulan Bator, está administrado por cuatro monjas francesas de la
Sociedad de Nuestra Señora. "Mongolia, África en el frío, dice la hermana
Marie-Doninique, directora del hospital, mientras la hermana mayor
Emma comenta: "El sufrimiento que vemos aquí tiene pocos paralelos en el mundo. Uno no puede ir más bajo en la humanidad. Hasta a los perros se les negaría las extremas condiciones de vida de estos desgraciados."
Ciertamente, una élite viaja en 4x4, vestido con estilo occidental, y frecuentan
Juliana, el nuevo club nocturno de techno. Pero un tercio de lo población lleva una vida
miserable. La clase media se ha reducido a la nada. El éxodo rural se está acelerando. Cada día, los recién llegados desde las llanuras asientan sus yurtas en las afueras de la capital. Hoy ciudad barroca, con sus cientos de bares plantados en medio de ninguna parte donde menudean los accidentes de tráfico causados por conductores más cómodos a caballo que sentados detrás de un volante.
Postrado en un agujero de la Avenida de la Paz, un conductor del tractor antiguo, resume un sentimiento común: "La vida era mejor durante el comunismo. Al menos, todo el mundo tenía un trabajo y tenía acceso a la salud y a la educación".
Todas las profesiones están representadas en las aguas poco profundas de las alcantarillas. Hay incluso algunos intelectuales y un ex-coronel de la Fuerza Aérea. Con los años, los mayores forman una clase propia. El destino de los adolescentes es preocupante -generación de mutantes con su propia jerga- y no son capaces de proyectarse hacia el futuro. La vida aquí es tan precaria que se conjuga en el presente. Proliferan las bandas que trafican con drogas y pegamento para esnifar, que extorsionar a los niños huérfanos de la calle y venden sus novias de 13 años a los proxenetas por 4000
tugriks (4 euros). Así es como vive esta
gente.
Tierra de lamaísmo y budismo tántrico, a Mongolia llegan ahora muchas ONG cristianas. La mayoría concentran sus esfuerzos en estas criaturas.
Visión Mundial y muchas otras, practican un proselitismo impactante accediendo a algunos orfanatos que tratan de evangelizar a toda costa.
Togtokhnyam, presidente de programas para niños en el gobierno, afirma indignado: "Algunos pequeños saben decir "amén" antes de poder hablar de Mongolia.

Abrumados por la magnitud de los problemas, el gobierno no tiene una política social digna de ese nombre. Como resumió un periodista local, "En Mongolia, hay muchas iniciativas interesantes en materia de agricultura, que estimulan la competencia por ser el mejor ganadero. Pero poco se ha previsto para ayudar a los niños vulnerables". Se ha creado una brigada para menores integrada por oficiales de la policía armados y formados en psicología, que patrulla en la noche los agujeros de escoria en busca de niños, con la ayuda de trabajadores sociales. El propósito de estos "ataques" no violentos es llevarles a un centro de detención para ser identificados si es posible. Después se les devuelve con sus padres (si los tienen) o se les interna en un orfanato del Estado.
En el cine - sólo en Ulan Bator - se da estos días una producción mongol:
"El Destino de los Dioses Olvidados". Esta es la verdadera historia de dos niños de la calle que interpretan su propio papel. !Un éxito! nos comenta
Khishigbaatar productor de cine y director de un orfanato ubicado en Erdenet, la segunda ciudad más grande. Con esta ficción realista, dice, se rompió el mito de que estos niños son carteristas. La mayoría tienen notables cualidades humanas y un valor extraordinario. Debemos cambiar la actitud de vergüenza, por el orgullo. ¿Alguien se plantea honestamente la cuestión de los niños de la calle? Es un tabú. Los políticos hacen como el avestruz. Es hora de romper el silencio. "Ha llegado el momento de los hechos, no pretendo ignorar a estos niños que, relegados a la más baja condición humana, están muriendo en silencio en las oscuras profundidades del infierno de Ulan Bator.
Relato basado en el texto de Axel Gyldene (enviado especial) para L´Express.
Enlaces de interés para ayudas:
http://pagesperso-orange.fr/enfantsdemongolie/
http://www.mercycorps.org.uk/
http://www.nadieshda.org/index.html
http://www.childrensprotectionmongolia.org/
http://www.cncf.org/en/home/index.php
http://samborimongol.org/las-ong-s/
En la medida en que el sufrimiento de los niños está permitido, no existe amor verdadero en este mundo .- Isadora Duncan.